ROBERT FERRARI
ROGÉ




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Ya tengo algo de experiencia a mis espaldas, pero, sobre todo, ganas de aportar, compartir y aprender junto a profesionales a los que admiro.

Creo que cualquier problema de diseño empieza por la investigación:
- Definir el problema, de lo macro a lo micro, ver qué se ha hecho ya, qué referentes y antecedentes existen y qué metodología conviene seguir.
- Experimentar, de forma digital o manual, perseguir un proceso de divagación.
- Una vez asumido que estamos en el caos, toca
bocetar la idea y aterrizarla.
- Después,
estructurar.
- Por último,
realizar los artes finales con el máximo cuidado posible.

Una metodología que, aunque en apariencia parezca una mezcla de muchas cosas, estoy explorando e intentando plasmar en mi manera de trabajar. Atribuyéndome un camino que seguir para no perderme en el caos.

Es una metodología que he heredado, en parte, de un diseñador que trabajó antes del cambio de paradigma analógico-digital: mi abuelo, Jordi Rogé Mallafré (1936-2018). A él dediqué mi proyecto final de máster, e investigar su obra me reveló mucho más de lo que esperaba sobre nuestro oficio. Se formó entre el diseño industrial, con las técnicas de delineación, y las bellas artes, con las técnicas pictóricas, y de ese cruce surgió su faceta como diseñador gráfico.

Mirar el oficio desde sus orígenes permite entender que nunca ha sido puramente digital, algo que yo mismo no entendía cuando empecé a estudiar. Los diseñadores de la vieja escuela desarrollaron lo que Michael Polanyi llamó conocimiento tácito y lo que Richard Sennett estudió en la figura del artesano: un saber hacer que vive en las manos y en el ojo, y que no se puede explicar del todo con palabras. Es justo ese saber el que intentaron absorber primero las herramientas digitales y ahora la inteligencia artificial, y justo el que más les cuesta alcanzar.

No pretendo decir con esto que la innovación sea un camino equivocado. Estoy al día de cada actualización, soy un apasionado de la suite de Adobe y uso la inteligencia artificial cuando me ayuda a investigar, explorar variaciones y prototipar más rápido. Si subrayo esta cuestión es porque define el lugar donde quiero trabajar: un estudio donde la tecnología esté al servicio del criterio, y no al revés. Mi manera de entender el diseño tiene un compromiso ético que va más allá de la estandarización y del lenguaje vacío a los que empujan las herramientas.

Me gustaria formar parte de proyectos con una investigación rigurosa, un concepto sólido y una realización impecable. Mis intereses van de lo estático al movimiento. Siempre me ha atraído experimentar con la tipografía, el diseño editorial, la cartelería y el packaging, pero, para mí, todo cobra vida cuando entra la animación, ya sea vectorial y plana o material y en tres dimensiones. Estos años he aprendido a moverme con soltura entre disciplinas, y ahora busco un equipo junto al que profundizar y encontrar la mía.